La matanza tradicional del cerdo es una actividad con siglos de antigüedad y que aún hoy día se lleva a cabo en el medio rural durante los primeros meses del invierno y que pervive en zonas como la Alpujarra.
La matanza supone una movilización tanto de las familias que se dedican a la crianza y alimentación del cerdo, como de las que no. Esta actividad supone una de las tradiciones más arraigadas en nuestra tierra y tiene un importante valor cultural.
Los cerdos eran alimentados con productos de campo y restos de las comidas familiares: maíz, frutas, patatas cocidas… La transmisión de las técnicas y conocimientos acerca de la matanza del cerdo han ido pasando de generación en generación.
Y es que antaño la economía de subsistencia obligaba a las familias a hacer matanza. Además, se trataba de un momento de reunión en el que se involucraba toda la familia y que tenía, y tiene aún, en cuenta las tradiciones locales de cada municipio en el que se celebra.
La transmisión de las técnicas y conocimientos acerca de la matanza del cerdo han ido pasando de generación en generación. Y es que antaño la economía de subsistencia obligaba a las familias a hacer matanza.
Además, se trataba de un momento de reunión en el que se involucraba toda la familia y que tenía, y tiene aún, en cuenta las tradiciones locales de cada municipio en el que se celebra.
Durante estos días solía correr el vino del terreno, el aguardiente, el puchero de col, la asadura con patatas y cebolla, las sopas de pimentón… Las mujeres se encargaban de comprar en las tiendas todo lo necesario para elaborar los embutidos.
Las tripas de los cerdos que se usaban para los embutidos eran lavadas por las mujeres en las fuentes, esta acción es conocida en el municipio como “lavar el menuo”.
Las morcillas después de su cocción eran colgadas en cañas y palos (conchales) al aire libre para que se secaran lo que aquí se conoce como “orear”. En las cámaras de las casas se colgaban las tripas de longaniza, chorizo, salchichón, salchicha…. Las costillas, morcillas y otros productos se guardaban en orzas de barro con aceite para que aguantaran durante todo el año.
Durante los días que duraba la matanza a los/as niños/as los adultos les construían un columpio lo que aquí se conoce como “meceor”, se trataba de unas jornadas de fiesta ya que en ellas participaba toda la familia y vecinos/as e incluso algunas veces quien tenían familiares fuera del municipio la dejaba para el fin de semana para que estos pudieran acudir.
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